martes, 24 de noviembre de 2009

Como música en los labios

Como canciones que siempre sonaron y nunca se cantaron,
como melodías de la naturaleza y de las máquinas,
del viento y de la palma, del pájaro y de la palabra, del puente y del sur.

Como tiempos que nunca pasaron o aventuras que siempre quisimos,
como sueños y pensamientos que fueron liberados.

Así, como lo que tenemos para decir y no nos animamos,
como una gaita a lo lejos, como una guitarra desafinada
que va tomando armonía, como un acorde en el piano,
como una promesa.

Así, como el susurro, la brisa y la flor.

Como secretos que parecen revelarse, como la ternura en una roca,
o la suavidad en lo áspero, o la oscuridad en el sol,
o en la caricia el golpe, en la mentira la verdad y en la verdad la mentira.

Como el caos que empieza a ordenarse para nosotros.
Nuestro caos, nuestro orden.

Como música en los labios, como poesía en las hojas
que no llegamos a escribir,
como fantasía en realidad, como una ilusión cumplida.

Así, como el susurro, la brisa y la flor.

Como el coro, el eco y el ademán.
Como la intención, la acción y la consecuencia.

¡Vaya que somos poetas! Amantes de la belleza y las personas,
amantes de la verdad, de la sinceridad y de los momentos,
de los instantes que no siempre quedaron en fotografías.

Amantes de la soledad y del silencio,
amantes del campo y la ciudad, caminantes, trotamundos.

¡Vaya que somos poetas! Amantes de la vida y del sentimiento,
de la pureza,  de la esperanza y de la humanidad.
Amantes de la luz y de la oscuridad,
de lo claro y lo oculto, de lo evidente y del misterio.

¡Vaya que somos poetas! Trastornados, apasionados,
atraídos por los desafíos de la expresión,
como música en los labios, traicionados por nuestra declaración.

Abiertos al dolor y al sufrimiento,
expectantes del mundo y sus reacciones,
desesperados por la inspiración,
atacados por el miedo y valientes en el corazón.

¡Vaya que somos poetas! Amantes desolados y abandonados,
amantes perseguidos, desaparecidos, escondidos,
exiliados, muertos, vivos en nuestra poesía,
en la transición a la eternidad, vivos de amor y lealtad.
VIVOS, como música en los labios.

Así como la brisa, el susurro y la flor.
VIVOS, porque alguien nos escucha, alguien nos lee,
a alguien le importamos, alguien nos habla, nos dice,
no le somos indiferentes.

La inspiración es un regalo de Dios y Dios quiere que lo compartamos,
como música en los labios, ¿la cantas con nosotros?

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