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Ayer Sangre


Tengo las manos manchadas de sangre y dolor,
de injusticia rutinaria, de mirada indiferente casi cómplice.
Mastico la culpa en un rumiante quejar rabioso, histérico y triste.
No disculpo ni la pereza ni la mentira del “todo cambiará”
 basada en la ilusión hipócrita evocada desde el cómodo
sillón de la sala, frente a una mesa y a un ordenador.

Apaciguo los ánimos con una bebida caliente.
Tengo los pies fríos y la cabeza vacía.
El corazón grita desesperado
y las manos convulsionan sobre el teclado.

Pero todo es nada. No hay revolución, no hay lucha, no hay esfuerzo;
sólo queda una esperanza vana basada en las buenas intenciones
de un alma arrepentida. ¿Podría ser este el comienzo?

Ayer sangre y mañana también,
el intermedio es evidente: el aplastamiento, la burla,
la reconstrucción fingida en un holograma plastificado,
impreso a todo color a costa del principio de energía.
La dependencia alimentada con créditos, sonrisas y acuerdos.
La desigualdad se reproduce con afán de más,
 como una excusa para prolongar
una explotación disfrazada de empatía.

Alguien me llama desde algún lugar del cielo y me pone una corona.
La tierra me detiene en un abrazo, 
estira mis pies hacia abajo, me arrastra,
pero la luz es más poderosa, me atrae con más fuerza hacia ella
y me deja ver desde arriba la verdura de los suelos.

No lo entiendo, la conexión se disipa.

Mi alrededor es blanco.
Mi cuerpo quedó anclado al sillón.
Mi espíritu se rebela, no quiere regresar.

No deseo esta corona, pero que bien se siente.



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Arcoiris

Hay un sueño que palpita en mi corazón
y va y viene, y va y viene,
bombea esperanza a todo el cuerpo
y llena mis ojos de luz. Se borran los colores con la lluvia,
se suben al arcoiris
y se van de paseo.Así me siento. Capaz. Abandono un boceto de ilusiones
y limpio mi alma de negativas emociones.
Me invito a crear, a ser yo misma otra vez,
a reconstruir la confianza,
a destruir la inseguridad.Me subo también al arcoiris
y me pongo a admirar:
frente a mí el mundo entero y más.

Mis amigos los pájaros

¡Qué bonito suenan los pájaros! ¡Qué bonito! Despiertan al día de su descanso pintan de vida el cielo.
Aunque los vencejos casi nunca detienen su vuelo, ni durmiendo dejan de volar, la noche tiene un silencio azulado que no trae más que paz.
¡Qué bonito suenan los pájaros! ¡Qué bonito! Su canto se acerca, se aleja, varía con cada intención.
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¡Qué bonito suenan los pájaros! ¡Qué bonito! Entre la emoción de las golondrinas y los aviones, también se cuela la bienvenida de la cigüeña a su pareja que trae la comida para ella y sus cigoñinos.
Desde el balcón de mi casa, cerquita del río Tajo, miro los restos de puertas, torres y murallas que estaban en el origen de mi ciudad, Talavera, y admiro como mis amigos queridos, hacen sus nidos, sus casas y reinventan la historia.


Juntas, unidas

Mi corazón llora
mientras mi garganta sangra
de tanto gritar.Algunos intentan engañarme
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me invitan a quedarme quieta,
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alguien me hace señas.
¿Cómo alcanzarle sin moverme? Mi corazón llora
mientras mi garganta sangra
de tanto gritar.Y todas empezamos a gritar,
aturdiendo al enemigo,
no sabe lo que decimos,
sólo le molestamos
lo suficiente como para desaparecer
sin que se acuerde de nosotras. Nos escondemos. Nos defendemos.
Sin violencia, con estrategia.
Nos preparamos. Nos preparamos. La justicia está más cerca.