lunes, 15 de febrero de 2010

Yo que morí en un sueño y no sé como despertar

Yo que cuando amanece sigo dormida
comiendo pan de los recuerdos.
Yo que te sonrío aunque ya no estás,
yo que me vacío por darte más.

Yo que viajo con apenas equipaje
pero que me pesa como mil maletas.
Yo que parezco inocente y culpable al mismo tiempo:
Finalmente irresponsable en una palabra de discurso
acabado y sin fundamento.

Yo que no me acuerdo de mi nombre ni del tuyo,
que asimilo la existencia con un tubo enorme
que no me deja salir y que me lleva sin saber adónde.

Yo que aparezco en la noche sonámbula
esperando respuestas interesantes, importantes y resueltas.
Yo que te miro y no te encuentro.
Yo que no me veo en este espejo.

Yo que en la lluvia desaparezco, me evaporo,
me condenso y finalmente caigo.

Yo que estoy en cartas con faltas de ortografía
y en fotos de cabeza cortada.
Yo que me anticipo al silencio y le pido que se calle.
Yo que me miento todos los días
diciendo que no sé mentir.

Yo que después de tantos días sin abrir los ojos
los guardo callados en mi bolsillo,
los dejo bajo el cierre de un suspiro
y los ato para que mueran hambrientos.

Yo que participo de una quimera indomable,
de un monstruo que un día fue utopía
que nunca pudo imaginar Tomas Moro.

Yo que le exijo al viento que vengas,
le grito al sol que vengas,
le suplico a la Luna que vengas.
Yo que alguna vez fui estrella,
hoy me eternizan en este planeta.

Yo que soy ave sin mar, flor sin rocío,
llanto sin hombro, pena sin olvido…
Yo que no me acuerdo de mi nombre ni del tuyo.
Yo, la que escribo.

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