miércoles, 10 de marzo de 2010

No se puede dormir en un tren

Humo entre los pastizales,
polvo blanco enrarecido,
suelo negro y verde, olivos enfilados.

Pequeñas flores amarillas y rojas,
sangre entre las raíces muertas,
duras piedras cubiertas de musgo,
sol que asoma en el horizonte.

Puentes con grafitis acompañados de firmas viejas,
marrones los caminos de carreteras,
líneas ocsuras que conectan torres.

Lugares comunes pintados de montañas en niebla,
a lo lejos saluda la nieve
y me pregunto cuánto más durará.

El brillo de la tierra mojada, inundada,
el cielo azul y las estrellas claras plasmadas
en el lago artificial después de la tormenta.

La vida sigue fuera del tren.
El mundo cambia,
cada segundo avanza gran distancia.

Una entrada me apresura después,
un pájaro que vuela y una liebre que escapa asustada.
Árboles de hojas secas y ramas desnudas
esperan la sorpresa de la primavera
pero sienten el invierno en sus venas.

El tiempo pasa distinto desde el tren.
El mundo muta
mientras yo voy de un punto a otro, él se transforma.
¿O soy yo?

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