martes, 2 de marzo de 2010

Oración a la Tierra

Te veo asomarte al mundo, despacio, calmo,
brote de pureza que aparece
con ese particular cambio de estación,
que florece, se expande, y luego perece.

Te observo desde el puente.
Estás tan lejos de mi
pero yo te siento tan ceca… tan dentro.
Te admiro por tu fortaleza y grandeza.
Sólo puedo imaginarme contigo
probando el aire desde tu cima,
deleitarme con el paisaje
que ofrece tu punto de vista,
amarte más cada día.

Sonrío por dentro y por fuera, respiro.
¡Qué bonito es sentir! Existir.
Explorar lo que está más allá
de lo que puedo siquiera tocar o imaginar.

Soy ave, soy aire, soy molécula, soy átomo.
Mi cuerpo no me encierra sino que me lleva,
me comunica con el mundo,
es mi canal, mi medio, mi mensaje.

Te escucho en este silencio
simulado creado por mi paz.
Te oigo. No puedo evitarlo y lloro.
Eres tan hermosa, tan clara. Te quiero.

No tienes oídos, ni ojos, ni nariz, ni boca,
ni hombros, ni brazos, ni manos,
ni piernas, ni pies, ni pecho,
pero tienes corazón, tienes vida
y sin ese detalle de humanidad
me abrazas porque eres naturaleza y eres santa.

Eres madre, padre, hermana, hermano,
eres hija, hijo, amiga, amigo,
eres esperanza porque eres amor.

Tengo miedo.
No quiero que mueras.
No quiero que me mates.
Quiero protegerte Tierra.
Necesito cuidarte y amarte.
Por favor ayúdame a respetarte
y a llevar tu mensaje.

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