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¿Por qué me estoy peinando?

Decidí mirarme al espejo un minuto y medio mientras terminaba de desenredarme el pelo. Ni corto ni largo, simplemente lo suficiente para que se creen nudos en las puntas y se terminen de desarmar esos rulos tan bonitos que se forman con el cabello recién lavado.

Minuto y medio y pienso en el desorden que habita sobre mi cabeza. Minuto y medio y aterrizo la sensibilidad en un dolor agudo por un hilo castaño que ha quedado atascado en el cepillo. Minuto y tic tac. Suena la alarma del teléfono.

“Ocho y treinta”, pienso. He saltado de la cama antes de tiempo porque necesitaba orinar, llevaba horas aguantando pero no me quería levantar. Como ahora, no me quiero ir.

Esta mañana amaneció más temprano. Hacía rato tenía los ojos abiertos, bastante despabilados por esas líneas doradas que atravesaban la persiana de madera y luego las de mis párpados. Estaba esperando la luz, no la de la mañana sino la interior, la respuesta.

No llegó ni siquiera un atisbo de solución, ni una palabra, ni un sentimiento ni una emoción. No vi nada, sólo una oscuridad disimulada por ese brillo impertinente que intentaba engañar la vista.

Decidí mirarme al espejo un minuto y medio mientras hacía algo que ahora no recuerdo. Y ahí, en ese momento lo supe, lo vi claramente. La cuestión es decidir. Decidir y hacerlo. Decidir, hacerlo y asumir. Decidir, hacerlo, asumir y ser feliz. ¿Por qué me estoy peinando?

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Arcoiris

Hay un sueño que palpita en mi corazón
y va y viene, y va y viene,
bombea esperanza a todo el cuerpo
y llena mis ojos de luz. Se borran los colores con la lluvia,
se suben al arcoiris
y se van de paseo.Así me siento. Capaz. Abandono un boceto de ilusiones
y limpio mi alma de negativas emociones.
Me invito a crear, a ser yo misma otra vez,
a reconstruir la confianza,
a destruir la inseguridad.Me subo también al arcoiris
y me pongo a admirar:
frente a mí el mundo entero y más.

Mis amigos los pájaros

¡Qué bonito suenan los pájaros! ¡Qué bonito! Despiertan al día de su descanso pintan de vida el cielo.
Aunque los vencejos casi nunca detienen su vuelo, ni durmiendo dejan de volar, la noche tiene un silencio azulado que no trae más que paz.
¡Qué bonito suenan los pájaros! ¡Qué bonito! Su canto se acerca, se aleja, varía con cada intención.
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¡Qué bonito suenan los pájaros! ¡Qué bonito! Entre la emoción de las golondrinas y los aviones, también se cuela la bienvenida de la cigüeña a su pareja que trae la comida para ella y sus cigoñinos.
Desde el balcón de mi casa, cerquita del río Tajo, miro los restos de puertas, torres y murallas que estaban en el origen de mi ciudad, Talavera, y admiro como mis amigos queridos, hacen sus nidos, sus casas y reinventan la historia.


Juntas, unidas

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a callarme y a obedecer,
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alguien me hace señas.
¿Cómo alcanzarle sin moverme? Mi corazón llora
mientras mi garganta sangra
de tanto gritar.Y todas empezamos a gritar,
aturdiendo al enemigo,
no sabe lo que decimos,
sólo le molestamos
lo suficiente como para desaparecer
sin que se acuerde de nosotras. Nos escondemos. Nos defendemos.
Sin violencia, con estrategia.
Nos preparamos. Nos preparamos. La justicia está más cerca.