miércoles, 10 de marzo de 2010

Te veo en la multitud

Te veo en la multitud, te reconozco sabiendo que no eres tú,
que no es posible que estés aquí.

Tengo miedo, me duele encontrarte en esas figuras familiares
y desconocidas al mismo tiempo.

Este lapsus de mi mente me desconcierta.
Yo elegí el final, sin embargo te recuerdo seguido.
Traigo tu voz a mi oído, el color de tu pelo,
la silueta de tus labios, el largo de tus manos…
Echo de menos tu abrazo y el sentimiento cálido de la amistad,
de la complicidad y del amor.

Te confundes entre personas y vuelvo a perder tu imagen,
pero te quedas en mis pensamientos haciendo preguntas extrañas
cuyas respuestas di hace mucho tiempo.

Te veo en la multitud, te reconozco sabiendo que no eres tú,
que no es posible que estés aquí.

Me imagino como estás o que podrías haber hecho esta mañana.
Recuerdo tu risa pero no el color de tus ojos.
Creo que nunca me fijé en eso.

A veces pienso en llamarte pero sé que es tonto
porque sólo preciso saber que estás bien.
No me veo hablándote de mí,
sólo de esas personas que tenemos en común y de ti,
de lo que ha sido tu vida.

Te extraño, es cierto;
pero me niego a aceptarlo
porque es un sentimiento inútil que sólo me frustra.
Te aprecio pero no quiero estar contigo.
Tuvimos algo lindo pero no espero repetirlo.

¿Qué sentido tiene verte en esta multitud?
¿Acaso necesito hacer algo que no hice entonces?
Sí, anhelo encontrarte para decirte que te quiero,
que a pesar de todo puedes contar conmigo.
Me gustaría darte un abrazo fuerte
y despedirme en silencio.
Necesito verte para decirte adiós.

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