jueves, 26 de agosto de 2010

La pacífica guerra con el viento

Tengo miedo de la conclusión del viento
me dice que vaya en la dirección que él me indica
y parece que mis fuerzas le incitan a hacerlo,
mi disposición indecisa lo agita,
lo conmueve, lo excita.

Parpadeo rápidamente,
me marea su fuerza,
quisiera ser árbol
y enraizarme en la tierra.

Estoy confundida, mi vista está herida,
mis manos sangran, mi vida se escapa.

Llámame rosa delicada
que ha perdido sus hojas en la batalla,
pero no pienses que no tengo espinas
porque son ellas las que me lastiman. 

La indiferencia de la rutina palpita en mi oído
y aún así queda una respuesta inhibida,
una que no quiero dar, no puedo compartir,
la razón de mi mal y de mi bien,
la excusa de la continuidad del castigo,
del enfrentamiento conmigo.

Queda una razón,
la que olvidé esta mañana
envuelta en un pañuelo de un viejo cajón.

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