domingo, 19 de septiembre de 2010

Y el sol se apoyó en mi ventana

Amaneció, desde mis hombros tocó tu voz mi oído
y dije que no, que era temprano y quería dormir,
entonces te quedaste besando mi mejilla
y no pude más que sonreír.

Amaneció, desde mi mejilla se fue a mis labios
y de allí se escurrió, pasó por mi cuello
y se depositó en mi pelo, no pude más que sentir.

Amaneció, desde mi pelo bajó a mi nariz
y después se quedó en mis ojos,
me encandiló, y no pude más qué decir:
¡Está bien! Es hora de partir.

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