Mis manos están vacías, mi corazón raro palpita... Tan profunda, tan eterna, que se mete en las entrañas y camina. La noche está presente en mi sonrisa, en mi sonrisa callada y escondida. Mis manos están vacías, mis ojos cansados, mi humor me limita, pone vallas a mis ansias de artista. Tan profunda y entrometida que me provoca gula y ansiedad, a su mesa la noche me invita y yo accedo, inconsciente, accedo a mi pérdida. Mis manos están vacías, mi mente está dormida, pero yo quiero tomar la iniciativa y callar los temores que la oscuridad incita. ¡Ven Luna! Pon luz a mi vida. ¡Refléjate en el río para que pueda ver tu insignia! Pero la Luna no aparece, no aparece, no aparece, porque yo debo ser ella y brillar por mi misma.