Te veo asomarte al mundo, despacio, calmo, brote de pureza que aparece con ese particular cambio de estación, que florece, se expande, y luego perece. Te observo desde el puente. Estás tan lejos de mi pero yo te siento tan ceca… tan dentro. Te admiro por tu fortaleza y grandeza. Sólo puedo imaginarme contigo probando el aire desde tu cima, deleitarme con el paisaje que ofrece tu punto de vista, amarte más cada día. Sonrío por dentro y por fuera, respiro. ¡Qué bonito es sentir! Existir. Explorar lo que está más allá de lo que puedo siquiera tocar o imaginar. Soy ave, soy aire, soy molécula, soy átomo. Mi cuerpo no me encierra sino que me lleva, me comunica con el mundo, es mi canal, mi medio, mi mensaje. Te escucho en este silencio simulado creado por mi paz. Te oigo. No puedo evitarlo y lloro. Eres tan hermosa, tan clara. Te quiero. No tienes oídos, ni ojos, ni nariz, ni boca, ni hombros, ni brazos, ni manos, ni piernas, ni pies, ni pecho, pero tienes corazón, tienes vida y sin es...