Darme un minuto de reflexión. Me sentare en el sillón o al borde de la cama, miraré mi interior y decidiré con el corazón. Un minuto largo de introspección. Repasaré los hechos, sentiré vuestras palabras y tomaré una decisión. Uno para mi dolor, para recordar que las heridas sanan, que ahora soy más libre que esta madrugada que te conozco, que quise conocerte y estoy en capacidad de hablarte, de responderte, de ser lo valiente que soy y sorprenderte. Un minuto, uno... uno, el mío.