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Dimensiones del universo conjurado

Y hoy quiero escribir un sueño, de esos que siempre esperas y parece que nunca se van a cumplir. Acaricio esa fantasía en mi almohada vacía y disimulo frente al espejo una sonrisa. Llámame cuando regreses, sabré que me habré ido, porque es imposible que coincidamos en el tiempo y en el espacio, no es posible encontrarnos. Y hoy quiero contar un sueño triste, un pasaje por una realidad delirante de anhelos sublimes acaparados por una sensación irrefrenable de deseo simple. Mastico esa fantasía en una comida sin sabor ni aroma pero que coincide con una manera de ver las cosas cuando están demasiado lejanas. Te avisaré cuando llegue, así podrás irte tranquilamente. Y hoy, a diferencia de ayer, cuando había perdido la esperanza en lo posible, pruebo la lluvia que cae sobre mi cabeza. Recuerdo que hay una tierra y un cielo, que mis pies están en el suelo y que tarde o temprano vendrás a buscarme.

¿Por qué me estoy peinando?

Decidí mirarme al espejo un minuto y medio mientras terminaba de desenredarme el pelo. Ni corto ni largo, simplemente lo suficiente para que se creen nudos en las puntas y se terminen de desarmar esos rulos tan bonitos que se forman con el cabello recién lavado. Minuto y medio y pienso en el desorden que habita sobre mi cabeza. Minuto y medio y aterrizo la sensibilidad en un dolor agudo por un hilo castaño que ha quedado atascado en el cepillo. Minuto y tic tac. Suena la alarma del teléfono. “Ocho y treinta”, pienso. He saltado de la cama antes de tiempo porque necesitaba orinar, llevaba horas aguantando pero no me quería levantar. Como ahora, no me quiero ir. Esta mañana amaneció más temprano. Hacía rato tenía los ojos abiertos, bastante despabilados por esas líneas doradas que atravesaban la persiana de madera y luego las de mis párpados. Estaba esperando la luz, no la de la mañana sino la interior, la respuesta. No llegó ni siquiera un atisbo de solución, ni una palabra, ni ...

La resistencia al olvido

Despojarme de lo vivido no porque sí, sino porque he sufrido. Guardaba tus cartas, mis sueños, mis recuerdos, tu boca, nuestros besos, tu roce, tu sensación, tu nombre… Anidaba tu caricia que se había convertido en lija, conservaba tu sonrisa que sólo me parecía burla, anhelaba tu abrazo que podría ser forcejeo. El espejo está roto desde hace tres años. Mi imagen no existía sin la tuya, mi voz no sonaba si no la buscabas, mis ojos no se abrían por otra persona, mi alma no sentía a menos que estuvieses cerca. Despojarme de lo vivido no porque sí, sino porque he sufrido. Aislada, en la creencia de que eras mi mundo, mi vida. Alejada del amor, de la libertad, de la música, de la fotografía, de la poesía… Ajena a mi misma. Oigo las notas del piano: están solas como yo, pero suenan, suenan, suenan… El ritmo me despierta una extraña alegría que nace de la tristeza más profunda y te escribo esta carta. Me despojo de lo vivido no porque sí, sino porque he sufrido. Y no ha sido en vano, y...

De paso por el mundo

Soy  parecida a una pregunta, a una inquietud que se inyecta en los ojos y en la lengua, deja un sabor amargo y salpimentado cuando alguien quiere mi atención pero no entiende mi corazón y exilia mi abrazo. Estoy atrapada y  soy libre en la angustia de instantes eternos y frustrantes que siguen pidiendo solución, de metas a largo plazo que no tienen visión ni contenido solo una palabra: voluntad. Viajo con un mapa antiguo que esconde túneles cerrados y derruidos. Nunca son atajos, solo un retraso inventado por el enemigo que se esconde en uno mismo. Sigo buscando. Aparezco en la luz. Tengo esperanza, busco motivos y acaparo el micrófono tapándome los oídos. No tiene sentido. Voy contramano en una calle de un solo carril, dispuesta a atropellar a quien se me enfrente, pero eso no dura mucho. Creo en el diálogo y en la construcción en equipo, doy marcha atrás, pero alguien ha pensado lo mismo que yo. Estoy  apresada en el callejón. Alguien dice mi nombre.

Puerta

Me descolgué de un sueño en medias, deslizando la imaginación por la rendija de una puerta. A tientas, demasiado discreta cometiendo el delito de observarte, de dejarme llevar por el aroma del papel que escribes, de la tinta, de la luz anaranjada y amarilla de la lamparita. Arrastrada por la tentación de mirarte concentrado, como metido en ese folio, fuera del mundo. ¡Qué deleite para mis ojos! Me transpiran los dedos y me inquieta. ¿Y si me descubres? Desperté de un sueño en medias y no pude evitar encontrarte. Tu mano acaricia la página dándole ternura y pidiéndole palabras, mientras tu perfume se impregna en ella y la transforma, deseo ser esa hoja. Mis ojos se desvían, pierden esperanza. Vives consumido por esa estrofa y yo que te admiro tanto desaparezco. Mi cuerpo envidia tu trabajo porque tiene tu compañía, tu tiempo, tu espacio. Mi alma añora la tuya, la que me amaba con locura. No me había dado cuenta, estás frente a mí. Tomas mi rostro en tus m...

Ellas brotan solas

Cuando las lágrimas se precipitan y los ojos se cierran solos, cansados, dispuestos a morir y ha ocultarse de la vida y de la persecución de las exigencias de la vista… Ellas salen, corren, no se deslizan sino que hacen surcos en las mejillas heridas, sonrojadas, ya quemadas por el frío y las corrientes de aire con sabor a nieve. Cuando las lágrimas se declaran de esta forma incapaces de contenerse, de disimular, de callarse, de decir nada más que lo que sienten y sufren confinadas detrás de esas persianas que ahora ya no pueden abrirse. Cuando ellas se emancipan más por inercia de golpes que por propia iniciativa. Cuando se dejan abatir sin pedir explicaciones ni desesperarse, simplemente dejarse vencer por la cruel riña del tiempo. Cuando ellas lo hacen no puedo más que decirles que era hora, aunque fuese sin voluntad propia, era hora que explotasen. http://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-29245