Me quedan las patas del piano azul, aquél juguete de mi infancia que tocaba con insistencia descubriendo los colores de las notas y el sentido de las palabras. Instrumento de cuerdas que se dibuja en mi cabeza pues la percusión está muy lejos de casa. Tres patas, dos detrás y una adelante. Imagino, porque ya no recuerdo, su altura, su tamaño exacto, incluso su aroma quiere acercarse. Solo un sonido un poco desafinado repercute finalmente en mi certeza. Compañero de tristezas y alegrías, de euforias perdidas en la armonía desatendida de sus teclas. El piano azul, mi piano azul, solo tres patas en una caja me recuerdan quien eras tu.