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Mostrando las entradas etiquetadas como sifuerapoetisa

El niño de las hojas

El niño con hojas en las piernas  que extendía los brazos al sol nació de un deseo, el más puro y sincero, el más profundo. Salió de una caja enterrada en el jardín, mitad árbol, mitad humano, el niño con hojas en las piernas  que extendía los brazos al sol. Dibujaba, retrataba, tal como lo hacía su madre, hablaba sin tapujos, sin prejuicios sólo huía de sus temores, de los miedos aprendidos. Amaba el arte, la música, el ritmo, la risa de las personas, los desafíos, amaba la vida, la tierra y la nobleza, tal como era su padre.   El niño con hojas en las piernas  que extendía los brazos al sol repartía esperanza y coraje, convertía los sueños en poesía, y la poesía en realidad.  Nació de un deseo, el más puro y sincero, el más profundo, el niño con hojas en las piernas  que extendía los brazos al sol. Inspirado en:   La extraña vida de Timothy Green

Indefensa

Así me siento ante la inspiración: indefensa. ¿Qué contar, qué decir? Sólo busco un papel, un lugar donde escribir, y soltar allí todo lo que evoluciona dentro de mi, dejándolo plasmado de la mejor manera posible, con la mayor humildad sensible. Indefensa ante tanta inquietud, necesidad de desahogo, asfixia, lágrimas, dolor... Indefensa ante ti, ante mi, casi atrevida por osar escribir sobre algo que percibí pero que en principio no me pertenece, ¿quién soy yo para decir? Indefensa, simplemente indefensa, tanto que no me acompleja admitir que soy culpable de sentir, un poco también de vivir lo que te pasa a ti a través de mi en un verso.

Hoy es nuestro cumpleaños

Hoy es nuestro cumpleaños. Nacimos juntas el día que me pariste. Me trajiste al mundo con esfuerzo y amor y con ese amor me enseñaste a ser la madre que ahora también soy. Te recuerdo siempre. Cada instante diferente me sabe a tu ausencia. Mi hijo en su inocencia tranquiliza mi mente, aquieta mi alma. Te añoro, te espero, aun sabiendo que habitas en mi... ¡Me gustaría tanto que estuvieses aquí! Tengo tantas cosas que decir, tanto nos quedaba por compartir... Hoy es nuestro cumpleaños y como tal hay que celebrarlo, tú desde allí, en la mirada de Martín, yo aquí, con él.

Los abuelos

No tenía ni uno, ni dos, ni tres, ni cuatro, creo que eran como veinte. Eran mayores en un centro social, no eran mis abuelos en el fondo, aunque en el fondo, un poco, lo eran y yo, su nieta. Todas las semanas iba a visitarlos, junto a otros compañeros de curso, para intercambiar ideas y organizar alguna actividad que les pudiese gustar.  La última fue un baile.  Después de que a lo largo de los meses viéramos varias películas y las comentáramos, algún bingo que otro y una salida de paseo, "los viejitos" querían "bailongo". ¡Cómo les gusta a algunos mayores mover así el esqueleto! ¡Da gusto verlos! Hicimos carteles, escribimos en  la pizarra del portal el evento que iba a acontecer, hablamos con la vecindad, convocamos por la radio y la prensa local, en todas las ocasiones que pudimos hablamos de ello, pufff, es posible que nos faltara algo, pero no lo tengo claro. Cualquier sugerencia es bienvenida. Vinieron veinte, los veinte de siempre, los ab...

La emoción de sentir

Tengo ganas de llorar de emoción, de alegría, una esperanza extraña me inunda, quiero llorar. Alentada por las palabras, las acciones lejanas, la convicción en las entrañas que me recuerdan algo que quisiera sentir en el alma. Tengo ganas de llorar, de explotar en agua aunque pronto me vaya a evaporar. Tengo ganas de explorar, de inundarme de ese mar salado y dulce, no más agrio ni amargo. Tengo ganas de llorar pero algo me detiene, una máscara de compostura, de mundo real, de mirada acusadora, de sombra penetrante. Tengo ganas de llorar pero ahora no puedo, quiero conservar este sentimiento, quiero atesorarlo y cantar.

El niño del desierto

Se aleja el niño del desierto sin mirar atrás, sin dejar huella, el viento se lleva sus pasos, la arena traga su sombra, la noche absorbe su miedo, él marcha. Marcha porque no se puede quedar, su inocencia lo protege, su inocencia lo vulnera, el niño del desierto escapa como puede, es su última esperanza. Llegará a algún lugar o no llegará, lo acogerán o lo dejarán morir, será esclavo o será libre, el tiempo pasará o se paralizará, crecerá, será un hombre o nadie de él sabrá lo único certero es que eligió partir. Llegará o no llegará, será o no será, el niño del desierto en la oscuridad está, conocerá la luz o en la noche morirá, su inocencia lo protege, su inocencia lo vulnera, el niño del desierto entre tus manos está.

Elefante

Grande, animal de tierra seca y lodo, de árboles y plantas, se mueve el suelo bajo tus patas, que nadie se entrometa en tu manada. Noble ser de caricia sencilla, fiel a su familia. Juguetón y compañero, luchador de cuántos tiempos pasados y venideros. Víctima de codicias humanas, de colmillos y marfiles, de muerte prematura e injusta, de excesos, cazas y torturas. Grande, por dentro y por fuera, elefante de las fortunas que sacude la tierra.

Pulmones

En cajas cerradas los pulmones, las vibraciones regurgitan aire, se asfixian las voces, la boca se cierra. Bomba de relojería abatida, sacudida por el viento que golpea la salida y no permite entrar la libertad. Rejas que simulan costillas, se disfrazan de humanas, se hacen las tímidas mientras aprisionan mi vida. En cajas cerradas los pulmones, en rejas mimetizadas las voces.

Las respuestas caen del cielo

Respuestas que caen del cielo, las recoge la pluma que pregunta, desaparece el suspiro y corre una lágrima, corre. En los ojos anida un momento, uno especial, uno curioso, uno único, sin igual, uno que añoro tener, que brilla en esa lágrima que se esparce. Las respuestas caen del cielo, ni papel, ni letras, ni canciones, ni músicas, ni silencios, las respuestas caen del cielo. Caen como hojas de otoño, como algo natural que debe suceder en determinada época del año, de la vida de una persona. Caen, a veces a golpes, a veces suavemente. Me pregunto: ¿Cuántas veces deben caer para que yo me dé cuenta?