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Mostrando las entradas etiquetadas como depresión

La pacífica guerra con el viento

Tengo miedo de la conclusión del viento me dice que vaya en la dirección que él me indica y parece que mis fuerzas le incitan a hacerlo, mi disposición indecisa lo agita, lo conmueve, lo excita. Parpadeo rápidamente, me marea su fuerza, quisiera ser árbol y enraizarme en la tierra. Estoy confundida, mi vista está herida, mis manos sangran, mi vida se escapa. Llámame rosa delicada que ha perdido sus hojas en la batalla, pero no pienses que no tengo espinas porque son ellas las que me lastiman.   La indiferencia   de la rutina palpita en mi oído y aún así queda una respuesta inhibida, una que no quiero dar, no puedo compartir, la razón de mi mal y de mi bien, la excusa de la continuidad del castigo, del enfrentamiento conmigo. Queda una razón, la que olvidé esta mañana envuelta en un pañuelo de un viejo cajón.

No tengo corazón

Tengo un corazón afilado, puntiagudo,  que se clava en las preguntas que encuentra en las miradas. Tengo un corazón con espinas  que ha perdido el perfume de sus pétalos rosa,  un corazón hecho de pedacitos,  acomodado a la manera hostil de ver el mundo. Tengo un corazón en guardia,  pendiente del sonido de las hojas, de la maleza que lo rodea, un corazón atrevido que se niega a esconderse por causa del miedo. Tengo un corazón herido,  que se ha desangrado tantas veces que hoy está seco,  un corazón rojo de rabia y resentimiento,  un corazón vacío de buenos sentimientos.  Tengo un corazón moribundo,  aparentemente calmo, pero casi muerto, un corazón sin respuestas, sin razones ni bondad, un corazón adormecido que se ha olvidado del perdón.

Por favor, háblame

Mírame a los ojos y dímelo, si ya no me quieres dímelo. Me aferro a este sentimiento inútil palpando los latidos de un corazón que se muere de a poco por ese silencio incomprensible. ¿Pretendes que interprete? Estoy demasiado lejos para saberlo, para entender los detalles. Mírame a los ojos y dímelo, si ya no me quieres dímelo. Me duele este castigo que humilla mi corazón, no puedo pedirte perdón pues no sé que he hecho mal, si tan solo me dijeras que pasó , en qué me equivoqué. ¿Por qué, por qué ya no me hablas? Mírame a los ojos y dímelo, si ya no me quieres dímelo. Lloran mis manos sobre el teclado, se resbalan las esperanzas porque no tienen de que sostenerse. Se me apaga la voz, se me cierran los ojos, ya no quiero volver a ver. Este mundo sin ti es demasiado triste, estar conmigo es insoportable, sólo escucho el eco de tus canciones. Mírame a los ojos y dímelo, si ya no me quieres dímelo. Rómpeme de una vez pero no me arranques partes, no me hagas suplicar...

Nada

Vueltas y vueltas y vueltas. Regresa la Luna al punto inicial y no la veo cuidarme. No. Vueltas y vueltas y vueltas. Analizo el círculo del sol y no lo veo amarme. No Vueltas y vueltas y vueltas. Prefiero la sonrisa a la indiferencia. Manifiesto de angustia a los nubarrones grises que me atacan. Vueltas y vueltas y vueltas. Incapacidad de silencio. Sí. Vueltas y vueltas y vueltas. Muerte de momentos y deseos. Sí. Vueltas y vueltas y vueltas. Anticipo de avenidas vacías. Manifiesto de angustia a los nubarrones grises que me atacan. Mañana, tarde, noche. Quebranto de días que no terminan y empiezan otra vez. Cabeza, torso, piernas. Cuerpo que no descansa y que lo evita. Principio, desarrollo y final. Lucha por una razón que alguien termina. Manifiesto de angustia a los nubarrones grises que me atacan. Melancolía, nostalgia de una vida. Sueños rotos en melodías que los despiertan, los pedazos indican que alguna vez estuvieron enteros, que alguien ...

Juicio

Mientras mi abogada habla yo estoy sentada mirando el horizonte de madera donde, un poco más arriba, está la jueza. ¿Dónde estoy? Mi entorno parece muerto sin sonidos, mis ojos están húmedos y mi mente confusa. Me toco la cara, la siento chupada, áspera, pálida… Respiro muy lentamente, me duele el pecho. Mi mano derecha desciende despacio desde mi rostro, por mi cuello hasta que llega a mi corazón y le oye “pum…pum”, sube y baja a su ritmo casi azaroso, inexplicable. ¿Estoy viva? ¿Dónde estoy? Nadie me escucha, mis labios están sellados, pegados uno encima del otro sin querer separarse. La voz no puede salir y tampoco lo desea, parece que el aire fuese a dañar mis pulmones. Cierro los ojos sin percibirlos, sin notar la diferencia entre la luz de la sala y la oscuridad que guardan mis párpados. Creo que ese frío que araña mi mejilla es una lágrima, pero no estoy segura. De pronto estoy en la playa, oigo las olas llegar hasta la arena con gran rapidez y luego acariciarla con tern...