jueves, 18 de febrero de 2010

Soy un pensamiento

Desaparezco en esta duda, en esta inquietud intermitente que trasciende la soledad y viaja al espacio de lo posible, de lo tangible.

Me desvío porque ya no quiero pensar en las posibilidades de encontrarte en el camino, porque ya no quiero verte ni saber de ti. Ya no te pienso y de esa manera me evito perderte.

Me evado apenas en un suspiro y nadie se da cuenta de que ya no estoy, de que mi pensamiento se fue en aquella expresión que hizo la señora que estaba sentada frente a mi en el tren y que recuerdo después de tres días a raíz de un estornudo.

No puedo. Es tarde para mi, pero muy temprano para abandonar una sala a la que nunca entré pero que el público se atrevería a asegurar que asistí y sonreí en todo el rato. No era yo, aunque si lo era.

Las personas cambian de posición, se turnan para mirarme. Les devuelvo el gesto pero en el fondo no estoy presente. Sus rostros me parecen máscaras, siendo la mía la más evidente de todas.

Imagina una inspiración profunda y verás como ya no queda nadie, sólo tu y el aire que respiras. Me separo nuevamente del escenario que me rodea y disimulo un aleteo de nombres que se cruzan en una pasarela señalada por una alfombra.

Nadie me recuerda. Ni al suspiro, ni a las sonrisas, ni a las miradas. Tampoco me acuerdo yo de sus maneras, pero si de sus incordios. Yo sólo quería pensar, no creí que necesitara tanta gente que pensara mí.

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