sábado, 20 de marzo de 2010

Caracolas

El mar se viste de fiesta, lleva brillantes estrellas en su abrigo largo.
Invita a bailar a la Luna y ella lo acompaña gustosa.

El mar se viste de fiesta para cortejar a la Luna.
Perseguido por la duda de un encuentro que desea,
que sueña hace siete noches,
que lo mantiene alerta del sonido de los pájaros,
sabe que cuando llega el silencio se aproxima ese momento.

El mar se viste y se desviste sólo para la Luna.
Se pinta puntos blancos para atraerla,
la refleja para que ella pueda verse
en sus ojos transparentes,
para que se sienta segura.

El mar está enamorado de la Luna.
Tiene su esperanza fija en el cielo,
sabe que ella cambia, que mengua
y luego regresa con toda su fuerza,
sabe que la Luna es eterna,
que nada los une, que nada los separa.

El mar sabe que la Luna es suya y de nadie,
que es libre en la melodía de una noche estrellada,
constelación de deseos que se suman incontables
y aliados al mágico instante de verla.

El mar está con la Luna.
La tiene sin tenerla en su regazo,
en su corazón, en su profundidad.

El mar es un poco la Luna,
y la Luna es un poco el mar.
Yo tengo los ojos encendidos
y los veo haciendo el amor.


Escuchando “Habitación 303” de Mario Viñuela

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