jueves, 14 de enero de 2010

Conciencia

Yo que voy por esa ruta aturdida por el olor de las otras flores,
incómoda por la asfixia de la soberbia y la injusticia.

Yo que voy acorralada por el tumulto simultáneo
de las doscientas formas de acomodarse
 y quedarme sometida a una sola.

Yo que me estiro apresurada
por volver a posicionarme
dos veces y media al mes y unos segundos.

Yo que me miro en el espejo de esa multitud asustada
por su propia fuerza, por la dictadura de la conciencia
y el descubrimiento de la identidad.

Yo que sé como estar derecha siempre voy encorvada,
con gafas y desconfiada de la desconfianza.

Yo que amanezco a las cuatro de la mañana
y duermo a las tres cincuenta y cinco.

Yo que me precipito por no comer
 y que te lo lleves todo.

Yo que te miro sin entenderte pero intento proteger
un espacio que ni siquiera te pertenece.

Yo que reavivo la esperanza de los mortales
en un mar embravecido.

Yo que escribo poesías para que los marinos
los lleven a sus amadas.

Yo que sin ti no tengo dirección, pero sí sentidos.

Yo que hoy muero porque no comparto más tus motivos,
resucitaré en un ser distinto
capaz de ser crítico y de llevarte a juicio.

Volveré inesperadamente en formas
que no crees posible y te haré libre,
libre de tu tormento y del mío.

Volveré para demostrarte lo que digo,
yo también soy tu reflejo.

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