viernes, 15 de enero de 2010

Travesía

Siempre fue solitaria,
amaba el mundo, pero él no lo entendía.

No decía mucho con la voz,
pero escribía prolíficamente
hasta que un día no supo como seguir
y empezó a hablar.

El entorno estaba asombrado.
La flor que adornaba el jardín con sus colores
dio lugar a una discusión sobre el origen de tal rebelión:
Las rosas no son humanas.

Cuando decidió partir todos se alegraron,
sabían que eso era lo mejor.
Ella no era feliz viendo siempre el mismo rincón,
nació flor pero se sentía pájaro. ¡Qué frustración!

Pasado un tiempo volvió a escribir
y a contar sobre sus descubrimientos.
Supo que el vuelo estaba en su corazón,
en sus pensamientos y sentimientos,
en la esencia de cada emoción.

Ya no deseaba ser pájaro,
sólo compartir su amor.

Recordó aquél rincón triste y le dedicó una canción.
“¡Las rosas no son humanas,
sólo Dios sabe de dónde son!”

1 comentario:

  1. La esencia del Hombre es ser libre; sin libertad, mutila su espíritu...
    El poeta más aún, necesita volar con las alas del alma, discernir y expresar la magnitud del Ser y del Cosmos.
    Un gusto haber pasado por tu blog.
    Un abrazo.
    Juan.

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