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Carta de un corazón agobiado

Sigo tratando de mantener la moral alta, sobre todo porque vienen dentro de poco, pero es cierto que hay días que es difícil sonreír y sentirme yo misma.

Parece que voy a contracorriente sin saber a donde voy. "¿Quién mejor que yo para saberlo?" tengo que repetirme y parece que una esperanza se asoma.

Ya no importa qué, dónde ni con quién, sólo importa cómo y cuándo. Nunca es suficiente, nunca alcanza y, a veces, para sorpresa mía, descubro que sobra miedo y egoísmo. ¡Qué rabia da!

Es cierto que me sitúo mal frente a las situaciones, es evidente que me atasco y, esa visión que alguna vez fue un sueño tiene que morir, porque los sueños ocultan la realidad.

Me duele no tener nada y creer que todo es posible porque a diario me doy que no es cierto. La única que puede hacerlo posible soy yo y no sé por qué no lo hago.

¿Qué es conformarse? Ya no hay otra opción que ésa. 

Y eso... Simplemente volver a empezar otra y otra y otra vez, por una vez me gustaría continuar, no a través del espejo que se refleja en otro espejo y lleva al infinito, sino a través del camino.

Siento el marrón, hay cosas más importantes que hacer que seguir lamentándose.

Hay que maquillarse un poco y seguir buscando hasta conseguir algo: indefinido pero remunerado. Por supuesto, dentro de la ley y la dignidad humanas, suponiendo que algo de eso tenga sentido en este mundo que ha tocado vivir. 

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Arcoiris

Hay un sueño que palpita en mi corazón
y va y viene, y va y viene,
bombea esperanza a todo el cuerpo
y llena mis ojos de luz. Se borran los colores con la lluvia,
se suben al arcoiris
y se van de paseo.Así me siento. Capaz. Abandono un boceto de ilusiones
y limpio mi alma de negativas emociones.
Me invito a crear, a ser yo misma otra vez,
a reconstruir la confianza,
a destruir la inseguridad.Me subo también al arcoiris
y me pongo a admirar:
frente a mí el mundo entero y más.

Mis amigos los pájaros

¡Qué bonito suenan los pájaros! ¡Qué bonito! Despiertan al día de su descanso pintan de vida el cielo.
Aunque los vencejos casi nunca detienen su vuelo, ni durmiendo dejan de volar, la noche tiene un silencio azulado que no trae más que paz.
¡Qué bonito suenan los pájaros! ¡Qué bonito! Su canto se acerca, se aleja, varía con cada intención.
Hablan entre ellos, gozan de su libertad, disfrutan del verano con volteretas, me invitan a volar.
¡Qué bonito suenan los pájaros! ¡Qué bonito! Entre la emoción de las golondrinas y los aviones, también se cuela la bienvenida de la cigüeña a su pareja que trae la comida para ella y sus cigoñinos.
Desde el balcón de mi casa, cerquita del río Tajo, miro los restos de puertas, torres y murallas que estaban en el origen de mi ciudad, Talavera, y admiro como mis amigos queridos, hacen sus nidos, sus casas y reinventan la historia.


Juntas, unidas

Mi corazón llora
mientras mi garganta sangra
de tanto gritar.Algunos intentan engañarme
haciéndome creer que soy libre,
que puedo elegir, que puedo andar,
que debo correr sin miedo,
sólo para darles la oportunidad de disparar. Otras me aterrorizan
apuntándome la cabeza con una escopeta,
o desde lejos, un punto rojo indica mi frente,
me invitan a quedarme quieta,
a callarme y a obedecer,
a ser sumisa, preferiblemente tonta. Por allí, entre los árboles,
alguien me hace señas.
¿Cómo alcanzarle sin moverme? Mi corazón llora
mientras mi garganta sangra
de tanto gritar.Y todas empezamos a gritar,
aturdiendo al enemigo,
no sabe lo que decimos,
sólo le molestamos
lo suficiente como para desaparecer
sin que se acuerde de nosotras. Nos escondemos. Nos defendemos.
Sin violencia, con estrategia.
Nos preparamos. Nos preparamos. La justicia está más cerca.