miércoles, 27 de abril de 2011

Carta de un corazón agobiado

Sigo tratando de mantener la moral alta, sobre todo porque vienen dentro de poco, pero es cierto que hay días que es difícil sonreír y sentirme yo misma.

Parece que voy a contracorriente sin saber a donde voy. "¿Quién mejor que yo para saberlo?" tengo que repetirme y parece que una esperanza se asoma.

Ya no importa qué, dónde ni con quién, sólo importa cómo y cuándo. Nunca es suficiente, nunca alcanza y, a veces, para sorpresa mía, descubro que sobra miedo y egoísmo. ¡Qué rabia da!

Es cierto que me sitúo mal frente a las situaciones, es evidente que me atasco y, esa visión que alguna vez fue un sueño tiene que morir, porque los sueños ocultan la realidad.

Me duele no tener nada y creer que todo es posible porque a diario me doy que no es cierto. La única que puede hacerlo posible soy yo y no sé por qué no lo hago.

¿Qué es conformarse? Ya no hay otra opción que ésa. 

Y eso... Simplemente volver a empezar otra y otra y otra vez, por una vez me gustaría continuar, no a través del espejo que se refleja en otro espejo y lleva al infinito, sino a través del camino.

Siento el marrón, hay cosas más importantes que hacer que seguir lamentándose.

Hay que maquillarse un poco y seguir buscando hasta conseguir algo: indefinido pero remunerado. Por supuesto, dentro de la ley y la dignidad humanas, suponiendo que algo de eso tenga sentido en este mundo que ha tocado vivir. 

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