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Lienzo

¡Tengo tantas ganas de verte,
de charlar contigo,
de encontrarte desprevenido,
de descubrirte, de abrazarte,
de llorar un rato a tu lado,
de apoyarme en tu hombro,
de que digas mi nombre,
de que vengas conmigo,
de que me cuentes lo que te pasa,
de que te reveles pasando por alto mis prejuicios,
de que no me juzgues,
de que me quieras tanto como yo te amo!

¡Tengo tanta necesidad de saberte cerca,
más allá de la distancia kilométrica que nos separa
y que no podemos superar más
que con un avión que sobrevuele el agua!
¡Tengo tanta curiosidad por saber lo que sientes,
lo que piensas, lo que imaginas, lo que deseas!

Me pierdo en este abismo de espejismos,
de sensaciones diarias de tocar tu pecho dormido a mi lado,
de tu contacto íntimo y puro,
de tu voz en un oído que te escucha sabiendo que no estás…

Me muero un poco en esta espera
de incontables momentos de ausencia,
de desesperación por este olvido
que me señala el tiempo que no puedo controlar.

Me perjudico en esta imagen,
en esta pintura sobre lienzo en óleo amarillo y gris,
en esa fotografía de un amanecer en blanco y negro,
en ese poema que describe sueños de bocas que se aman.

Me desfiguro, me esfumo, desvanezco porque no existo,
tú no existes más que en mi esquizofrenia vociferada
de angustia colgada en una pared extraña
que recibe la vista de una ventana
desde la que se ve una isla en medio del mar.

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