Incapaz de entenderlo el pensamiento se refugia en un sentimiento, pero él también está cansado y le pide perdón al alma, le recomienda una charla con la emoción, que la remite a los sentidos. Incapaz la audición de escuchar la moción del alma, desatiende su pedido, la visión no la ve pues está demasiado oscura, el gusto no la reconoce pues ha perdido sabor, el olfato no la huele pues ya no tiene olor… Sólo queda el tacto que desconcertado por la indiferencia de todos los demás sentidos la acoge con una manta, la levanta en brazos y la deposita en su cama. El alma se muere porque nadie ha sabido comprenderla. El tacto está tan triste que despierta a los ojos, los ojos lloran tanto que las lágrimas llegan a la boca, la boca se sala a tal extremo que la nariz se espanta, el oído no entiende lo que pasa y se inquieta. Los sentidos sacuden a la emoción, ésta se agita sin control y llama al sentimiento, el sentimiento que se acordó del aspecto del alma supo que había cometido un er...