Mientras el mundo sigue girando, escribo sobre una rueda. Entonces no me muevo o voy al ritmo de todo lo demás, en una sincronía diacrónica y despótica que me quiere manejar, imponerse, que me pretende culpable o inocente pero nunca responsable, que exterioriza los sentidos y los aleja, que me vuelve irracional e insensible. Mientras el mundo sigue girando, escribo sobre una rueda. Entonces me fabrico mentiras intencionadamente circulares que aromatizan el mundo, me las creo, las repito, las reparto, las distribuyo… Inventos tecnológicamente legitimados, científicamente comprobados, políticamente legislados, económicamente rentables, fantasmalmente satisfactorios. La felicidad no existe, ni siquiera en la tele, en la radio, en el diario, o en Internet, aunque el espacio virtual quiera hacérnoslo sentir. La felicidad no existe porque vivimos atropellados por la fantasía, por la matriz que nos trasfiere emociones insólitas, provocadoras pero vacías. La felicid...